30 de octubre de 2018

El periodismo inadvertido y cotilla.


No me pasa inadvertido ni para mí ni para otras personas que, si no inteligentes al estilo clásico, son cazadoras de gazapos modernas: se dan cuenta de lo más evidente.

La cercanía de las elecciones, tanto municipales como autonómicas o de cualquier índole y su aprovechamiento cual el cochinillo de antaño en las fiestas de pueblo, o por necesidad en campos y villas más grandes para alimentar y contentar al pueblo y a los que podían de ese pobre animal aprovechar algo, es evidente.
Pasa igual, mucho más en la política: se especula, se exagera, se miente descaradamente y se promete (eso de prometer ya pensaba yo que no se creía, pero sí ocurre).
En un solo día, se vierten cientos de noticias por radio e Internet: hay que sacar los coladores para saber y distinguir cuáles son más importante, cuáles más ciertas que otras.
No he estudiado periodismo, pero sé algo de esa rama y de la humanística-lingüística, de literatura, y que con las prisas se cometen más errores de lo normal, tanto ortográficos como de agasajos para con el jefe o la jefa de turno y, sobre todo, en estas nuestras queridísimas Islas Canarias. También, en parte de los puestos que se ocupan a menudo en la zona peninsular periférica.



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