3 de febrero de 2012

SI PUEDO PROMETER, PROMETO.

PROMESAS NO CUMPLIDAS DE NUESTROS DÍAS:

(Dedicado especialmente a María Sánchez, la blogera de Marisol Ayala)
"A ver si llega..."

A colación de lo que acabo de escuchar en la emisora regional Radio San Borondón, me han dado ganas de las buenas de escribir sobre este tema de las palabras y de SER CONSECUENTES con ellas, al menos lo que se pueda. Ya había hablado de este tema con un amigo anglo-gallego, Manuel, que si me lee, seguro que lo recordará: en las citas con los amigos queda feísimo dar plantones de esos que te quedas mirando a las palmeras viendo cómo las mueve el viento. Concluimos con certeza, en que con los medios que tenemos a nuestra disposición, hasta un SMS o una llamada perdida sirven para decir "NO VOY" (Aunque te inventes un motivo falso, es lo de menos). Lo importante es no hacer esperar.
A lo que íbamos: en esta Radio, acaban de nombrar el incidente del entrenador del Real Madrid, que llegó a decir que "no soy preso de mis palabras" o, lo que viene a ser en plata que no cumplía su promesa de dimisión como había asegurado en una conferencia de prensa. No sé qué presidente fue, pero para el caso es lo mismo. El tertuliano se pone en el lugar de padre y se imagina diciéndole a su hija: "no podemos ir al cine como te prometí porque no soy preso de mis palabras". Suena a chiste, pero es lo que nos está pasando en casi todos los ámbitos de esta modernísima vida. En el ámbito personal, cuántos cafés y quedadas no tengo, y no vale insistir, sí, la oferta sigue en pie, pero ya se verá.
Me recuerda a un tío que tenemos que solía decir a sabiendas de que no iba a ocurrir "deja a ver" y al que mi padre le contestaba "deja a ver dijo un ciego y nunca más vió". Bueno, excuso al familiar porque citas sí hubo, aunque siempre en otro tiempo y lugar.
Ahora nos sucede con los contratos, con los bancos y con la política, sobre todo. Algunas y algunos se ríen del "puedo prometer y prometo" que utilizaba Adolfo Suárez. Creo que hablaba muy bien. Antes de prometer, avisa si puedes hacerlo. Antes de jurar, piensa si lo cumplirás. Aunque suene algo infantil, ¿no es lo que nos enseñaron? ¿No se ponía antes en los C.V. que se era honesto y, por tanto, se estaba prometiendo? Ahora también se hace y se dice. Por ello, si no se cumple, se falta a la palabra, no se es consecuente con uno mismo. Vale que se cometan errores, pero creo que llega un punto que nos harta a todos y a todas: la falsedad. Si no vas a cumplir algo, si sólo es un sueño, dilo.
Más vale tarde que nunca. Venga usted mañana.
Es más normal no ser tan prusiano en las citas diarias o retrasarse en lo cotidiano. He conocido a mucha gente que me ha dicho, muy tajantemente que no me quiere ver nunca más y, aunque duele en ese momento, se agradece a la larga: no te haces ninguna expectativa. Esa persona ya no existirá para ti.
Ahora bien, son personas, no entidades y no te deben dinero ni bienes, ni han hecho promesas electorales ni han firmado contratos. También yo he faltado a mi palabra por no apuntarlo bien claro en una buena agenda, pero lo reconozco. Muy despistado según el día. Faltón, no. Ahí lo dejo.
"Me dijo a las 4, ¿de qué día?"
G. F. L.


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