27 de febrero de 2015

Las mujeres y la igualdad.

El día 8 de marzo del presente año 2015 se celebró el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. A parte de las reivindicaciones que se realizaron, de las estadísticas dadas y de lo que se pudo hacer y no se hizo, no me queda menos que reconocer que todas o casi todas las mujeres que conozco y que he conocido a lo largo de mi vida son trabajadoras, si no en empresas, en lo doméstico; si no en el ámbito privado, en la administración pública.
Crecí rodeado de profesores y de profesoras; funcionarias, al igual que funcionarios. También conocí a personas de distintos ámbitos que desempeñaban distintas funciones. Creo que ya no es tolerable el chiste fácil al respecto, ni tampoco la sátira, ni la típica burla "de que es que es mujer" o cualesquiera que sea para justificar una tontería  que proviene de la más absurda ig-no-ran-cia.   Durante el verano, también conocí a las agricultoras de esta isla, Gran Canaria, y la Isla de Lanzarote, de donde procedía mi abuela materna, que era una trabajadora nata, además de catequista, interesada en la cultura, imparable en la vida, desde las cinco o seis de la mañana que se levantaba, hasta que anochecía.
Mi otra abuela, si no tan arraigada al campo, aunque también pertenecía a éste y a su entorno, conocía los sacrificios y las desventajas de todas las clases sociales, y era auténtica defensora de la bondad humana cuando ella creía conveniente. A parte de ello, tuvo también la oportunidad de aprender a leer, escribir y a desenvolverse en sociedad, como hace casi una década se decía. Era una mujer avanzada  y moderna para su época. Ambas leyeron algunas novelas y escritos a lo largo de su vida - a diferencia de otras mujeres que no tenían acceso a determinados libros- y se mantenían siempre informadas de la actualidad. Sé que mi abuela materna leía un poco más pero no lo demostraba con palabras.
En materia de igualdad, yo también creo que no hay ideologías sino creencias y formas de actuar. Los maridos de ambas murieron demasiado pronto ¿Su enfermedad? La locura desmedida del trabajo y el afán por ganarse la vida con demasiado ahínco. Tenían todos sus defectos y sus virtudes, como toda nuestra sociedad canaria, pero les costó sacar a toda una generación adelante. Todo esto lo estamos viviendo en nuestros días de una manera u otra, directa o indirectamente.
Junto a todos los valores que ahora
 parecen evaporarse, todos sus nietos los seguimos teniendo en cuenta de una manera u otra, como todas las generaciones que crecimos al amparo de la Transición Española y que seguimos defendiendo la Democracia con mayúsculas, muy por encima de lo que quiera vendernos cualquier partido o ideología. No se trata de simple educación o cortesía. Es algo más: la consideración y el respeto hacia los demás, sea cual fuere su condición.
Mi profesor de primer curso de EGB fue un hombre, contrariamente a lo que se solía pensar en 1981 en mi colegio: Que debía ser una mujer, que si porque eran niños era mejor y porque venían de preescolar algunos... Lo cierto es que era una buena persona y daba bien las clases. Trataba a los pequeños como lo que eran y por eso apenas lo recordaba. Son de esas personas que no te marcan, pero que, a lo largo del tiempo, consideras como fundamentales. Un hombre bueno, sencillo, simpático y amigo de su trabajo. Igual pasaba con la mujer en otras profesiones. Era cuestionada o no se veía su trabajo con buenos ojos, según qué tipo de personas. El dilema de siempre: edad, sexo, estatura, peso, orígenes, etc. etc.
Ese trabajo era, a principios del siglo XX, una tortura, un sacrificio, y así lo aprendí yo mismo de mis antepasados. No era un esfuerzo, ni siquiera una responsabilidad. Era un sobresfuerzo, un sinvivir. La mujer estaba ahí, sin derechos y con una enorme carga de deberes que cumplir, viviese en el contexto en el que viviese, fuera de la ideología o del parecer que fuese. Había en esta tierra, y hasta hace no muchas décadas se sabía porque se sabía, mujeres para todo tipo de oficios: mujeres lavanderas, portadoras de agua, vendedoras, sirvientas, costureras y artesanas, madres, amas de casa poco valoradas y también anestesiadas, tías, primas, sobrinas, etc. Se solía hablar de ellas hasta no hace muy poco tiempo con pena, no importa el sexo ni la condición, como "esa pobre chica". Y ahora, después del desarrollo y de tantas idas y venidas en la Europa moderna, ya sin tanta distinción de sexo o profesión. La igualdad es una meta, lo sigue siendo. Volviendo al tema que me atañe: la mujer, a veces, se cree su propio rol de sacrificio por todo ese pasado monstruoso que sólo una parte de la sociedad (y ojo que no tiene que ser privilegiada ni clase alta) se empeña en que perdure. Se trata de un machismo impuesto y de un machismo-feminismo que la mujer elige o cree que le toca. Algunos, con sus leyes, fariseísmo y mucho hablar, creen que debe seguir siendo así. Al contrario. En otros países muy cercanos existe el hombre que hace de niñera, de cocinero (aquí ya es normal), de modista (una profesión que originalmente era para hombres) o de azafato de lo que fuera.
En realidad, no habría que escribir nada de esto, ni este día tendría que existir a estas alturas. Si sigo escribiendo tendería a moralizar y no estaría bien. Hay mujeres que merecen todo nuestro respeto y hombres que también lo merecen, puesto que saben lo que significa la igualdad. Yo lo vivo y lo comprendo así. No comprendo por qué una mujer percibe menos salario que un hombre.
Por cierto, reivindico en el mundo de la Música Clásica, que existan mujeres que dirijan, orquesten música y que compongan.
Igual corresponde a otras profesiones y actividades. Que la mujer se pregunte si los "noes" son lógicos o sólo responden a una cuestión de intereses particulares.

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